miércoles, octubre 07, 2009

CRONICAS ILEGALES 37: Wasabi mon Amour... ... ... by Gino Winter





CRONICAS ILEGALES 37: Wasabi mon Amour... ... ... by Gino Winter
La Wasabia japónica, Cochlearia wasabi, o también Eutrema japónica, es una planta que se emplea en la culinaria japonesa como condimento, rallando su raíz. Tiene un sabor muy fuerte y si el rocoto y el chile jalapeño te revientan la lengua, el wasabi te sube por la nariz hasta el cerebro irritando todo lo que encuentra en el camino hasta que sale por salva sea la parte. Lo descubrí accidentalmente y de la peor manera durante una invitación de mis queridísimos amigos japoneses en el Matsuei, excelente restaurante limeño. Sentado frente a un banquete de sushis, sachimis, makizushis y tempuras y tomando sake (Nihonshu) como un Shogún, me encontraba rodeado de directivos de las más importantes instituciones de la Colonia Peruano-Japonesa en el Perú, cuando me percaté de un pequeño bol de cerámica lleno de una pasta de atractivo color verde Nilo, lo cual, a mi modesto entender, no podía ser nada más que un apetitoso puré de palta (aguacate) fruto que en mi país es extremadamente delicioso. Cojí una cuchara sopera y la rebasé del menjurje ese y me la metí rápidamente a la boca ante las atónitas miradas de puñaladas en cuero templado de mis anfitriones. Apenas escuché el "Oooooh!" del amistoso coro color jalde, tuve la sensación de que algo raro estaba sucediendo... Empezó con una fresca brisa antiséptica subiendo por mi paladar hacia las fosas nasales cuya temperatura iba in crescendo cada milisegundo. Mis glándulas lacrimales empezaron a reaccionar como si estuviera en la Scala di Milano escuchando Vesti la giubba al final del primer acto de Pagliacci de Ruggero Leoncavallo (con Enrico Carusso interpretando al webas de Canio), pues la cara se me volvió un mar de lágrimas, a mi que no lloré ni cuando se murió mi abuelita. La nariz me resoplaba como a un toro de lidia cuando lo martirizaba Manolete y se me cortó la respiración, por un breve colapso del bulbo raquídeo, cuando miré horripilado a mis amigos Nikkéis que me atacaban con sus Katanas a la vez que la anfitriona gorda me clavaba sus espuelas en la espalda mientras que la riquísima gerente de marketing, con antifaz y enfundada en su tanguita de cuero negro, me flagelaba los testículos con su látigo sadomasoquista, sin poder impedir que me acabe toda el agua de la jarra y me empuje un puñado de arroz sin sal y dos panes ciabatta, causándome un hipo tal que salí disparado dando saltitos ridiculos de rata-canguro hacia baño, que por desgracia estaba cerrado, así que reboté hasta la cocina en donde sumergí mi cabeza en el lavadero de las verduras recibiendo, de parte de los cocineros, las más extrañas maldiciones, las cuales se me grabaron en la meninge en escritura Kanji...
Apenas terminaron las alucinaciones surrealistas me presenté todo mojado a la mesa en donde me esperaban los paramédicos resueltos a meterme en la ambulancia, mientras yo, con cara de mongolito y pálido como una máscara del Teatro No, trataba de aparentar que no pasaba nada, recurriendo a toda la concha y el cinismo aprendido de mis amigos dirigentes de la Federación Peruana de Fútbol...
Quiero aprovechar para disculparme con toda la Colonia Japonesa y agradecer especialmente al Honorable Edecán del Emperador Akihito por sus condolencias...
Wasabi y la... … … !!!


Gino Nzski
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FII UNMSM 2009
The Mamani Herald USA
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sábado, octubre 03, 2009

CRONICAS ILEGALES 36: Un par de anteojos Bollé... By Gino Winter


CRONICAS ILEGALES 33: Un par de anteojos Bollé...
By Gino Winter

Uno de mis mejores amigos representa en Lima a la compañía francesa de anteojos Bollé y en una visita que le hice , me enseñó un grupo de lentes de sol separados del lote principal por adolecer de algún defecto técnico que, por muy leve que fuera, impedía que salgan al mercado. Me ofreció escoger el que más me gustara y me lo obsequió, a pesar de que le dije que no tenía, al parecer, defecto alguno. Al día siguiente, en un almuerzo al aire libre con un grupo de amigos en el Terrazas, me inquirieron sobre los llamativos lentes y entonces aproveché para devolver el favor haciendo apología del producto: su origen francés, su tecnología de avanzada, diseño europeo ultramoderno, modelos exclusivos, las estrellas del Festival de Cannes, el campeón mundial de ciclismo y la teta del sapo... Una amiga acotó que los había visto a menos del diez por ciento de su precio en un mercado de pulgas y la corregí de inmediato refutando que se trataba de una vil imitación de burdo material traída de China con el nombre "Bolléto" cuyas dos últimas letras eran borradas luego en un taller de los suburbios para sacarlos al mercado con la marca “trucha”. Mientras todos asentían comprensivos, una de las lunas (cristales) de mis anteojos se salió de su marco y cayó estrepitosamente a la mesa causando automáticamente un laaaargo minuto de silencio, luego del cual el grupo estalló en carcajadas y yo, más colorado que pipilí de mono, intenté explicar que se trataba de un obsequio fallado, pero ya era como quien dice "demasiado a posteriori". La gente no dejaba de reírse; hasta los mozos, la bartender estrábica y el policía gordo; y yo, hecho un estúpido, sin saber que hacer, con mi Campari en la mano y con un anteojo tuerto, a lo pirata, buscando una cara amable y comprensiva dispuesta a escuchar mis explicaciones tardías... "Si estos son los verdaderos, entonces cómo serán los falsos..." Dijo sorpresivamente un cura de la mesa vecina mientras tomaba su black label, dándome pie a que le pregunte si debía tomar la anécdota como una prueba más del Señor... Han pasado más de tres años y aun me preguntan por los benditos Bollé... y aun los tengo, maldita sea, y encima son "los únicos que me alumbran". Luego de un poco de pegamento, los lentes no volvieron a salirse, aunque ya pasaron inexorablemente de moda, así que, como está la situación, sólo me queda esperar a que se vuelvan clásicos...
Gino Nzski
Copy rigths
FII UNMSM 2009
The Miami Herald USA
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