domingo, noviembre 11, 2007

CRÓNICAS ILEGALES 29: Un triste almuerzo latino en USA... By Gino Winter


CRÓNICAS ILEGALES 29: Un triste almuerzo latino en USA...
By Gino Winter


Acababa de salir de una fabricucha de cuarta en el barrio de Kearny, New Jersey, en uso de mi break o refrigerio de media hora. Me dolia todo el cuerpo, pero más me dolía mi dignidad y mi amor propio, ya que luego de años de estudios y un currículum gerencial respetable, había tenido que aceptar -por necesidad- un trabajo de asistente de gerencia en una fábrica de productos plásticos para automóviles. Una renuncia intempestiva de los cuñados chinos del gringo dueño de la fábrica, quienes operaban su almacén, hizo que tengamos que remangarnos las mangas de la camisa y hacer las de estibador durante horas y horas en medio del polvo, la lluvia y el calor húmedo del vetusto edificio. Me sentía casi como un loco zarrapastroso salido de la fábrica de vidrios del cuento "No una sino muchas muertes" de Enrique Congrains (Llevado al cine por Pancho Lombardi como "Maruja en el Infierno"). Caminé dos cuadras hasta el Shop Rite Supermarket y me acerqué a la sección de comida al paso, donde desganado y hecho un adefesio, solicité en un descuidado Inglés, un pollo a la plancha con ensalada. Un sonoro y retador Whaaattt? me hizo dirigir la mirada hacia una señora gorda de rasgos indígenas que enfundada en su uniforme blanco de panadera, me miraba con desprecio y me resondraba en Inglés haciendo muecas de asco... Le repetí mi orden pero esta vez en Castellano, a lo que respondió -en peor modo y haciendo ademanes despectivos como si me estuviera despidiendo- que ella no hablaba Español y que pronunciara correctamente o que me vaya a comer al mercado latino. Era lo último que me faltaba para completar el día: una dependienta menopáusica, alienada y de escazos bríos mentales, con vocación de vocera del Ku Klux Klan... Pensé cristianamente que quizás decía la verdad y haciendo uso de mis ejercicios de respiración Zen, le dije dulcemente sin perder la sonrisa: "Si Ud. no habla Español, entonces, esa cara de campesina nicaragüence, se la ganó en una rifa?". El color encendido que apareció en sus orejas cobrizas y se extendió por su rostro de carátula de la National Geographic, me hizo constatar que había entendido perfectamente mi comentario y que una ráfaga de realidad le acababa de refrescar la memoria en sus capítulos más autóctonos. El hambre y el escaso tiempo del que disponía antes de regresar a mi esclavitud de empleado-obrero indocumentado, me impedían seguir con mi experimento psico-social y antes de que la mirada de mil maldiciones de ese grotesco personaje -que intentaba maltratarme gratuitamente y sin necesidad- me quitara las ganas de comer, decidí pedirle con los mejores modales y en perfecto Inglés, que me indicara la oficina del gerente para hacerle a él mi pedido, a ver si por casualidad el señor me entendía y así podía comer en paz, como todos los demás santos de la cofradía. En un Español claro, que no podría llamar perfecto por las fallas gramaticales que la poca cultura le obsequiaba, la new american citizen me dio a entender que no sería necesario, mientras me servía con premura y generosidad el fiambre que a la postre sería mi triste almuerzo. Le agradecí con exacta cordialidad y sin hacer referencia alguna a su estúpida actitud, ni tratar de regalarle un espejo o de darle lección alguna, merecida o no. La vida se encarga de esas cosas...
G. Hindú-kumentado
Copy rigths FII UNMSM 2007
The Mamany Herald USA
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miércoles, noviembre 07, 2007

CRÓNICAS ILEGALES 28: El extraño síndrome de los Nouveau Sommeliers... ... By Gino Winter




CRÓNICAS ILEGALES 28 : El extraño síndrome de los Nouveau Sommeliers.

By Gino Winter
Aprendí a tomar vino desde muy niño, especialmente con las comidas, una de las pocas costumbres que mi familia materna mantuvo de mis bisabuelos genoveses. Quizás por esa razón, siempre me pareció el mejor de los tragos, el más rico, el de mejor color, olor y textura, además de ser el más romántico y de lejos el más sexy. Otra herencia materna, la hiperuricemia, hizo que me alejara de este placer y que tenga que tomarme una pastilla Zyloric cada vez que me tomo un par de copas de Chianti, para evitar entre otras cosas, la formación de cálculos renales y su respectivo cólico miserere. Como comprenderán, las poco frecuentes ocasiones en que me permito paladear una copa de buen tinto, son para mí motivo de especial contemplación y disfrute, hasta que alguna frase cojuda sobre taninos, bouquets, maridaje o el "sol frío" sobre la hoja de parra, me hace salir de mi particular nirvana y verme despertar en medio de una gavilla de nouveau sommeliers que intentan narrar todas las etapas que suponen voy atravesando mientras paladeo mi copa de vino. ¡Me lleva el chanfle! Ya no sólo las piedritas en los riñones ni el gancho al hígado, sino ahora también tengo que aguantar a toda esta masa de snobs que se sentirían realizados con una cuchara o taza colgando del cuello... Y no me refiero a los verdaderos catadores, profesionales del trago con años de ciencia, sino a toda esa colonia de huachafos que con un par de libritos o una revista gourmet ya creen conocer el secreto de la "enología filosofal" y no pueden tomar su vino callados sino que tienen que mortificar a toda la mesa machacando sus comentarios innecesarios sobre lo evidente o lo que nos tiene sin cuidado a la hora de saborear un buen vino. Ahora todo el mundo se cree gran sumiller, se meten a clubes donde los verdaderos expertos hacen su gran negocio, asisten a catas de catas y al final siempre terminan dicendo las mismas estupideces: "Aroma complejo y persistente con taninos maduros y nariz envolvente, aporte de elegancia y buena tipicidad, torrefacción de minerales con dejos clásicos y redondos y una concentración cromática del rojo bordó con reflejos azulados y marrones, tirando al amarillo canario..." ¡Churchill, yo sólo quería saber si estaba tronchado! ... A mí simpre me joden con que debería tomar un vino blanco (Riesling, Chardonnay o Colombard para estos maricas) cuando estoy comiendo carnes blancas... ¡ME GUSTA EL TINTO, CARAJO! YO lo estoy tomando y YO lo voy a pagar, a ver si la cortan de una vez! . Luego de leer, en las revistas gratuitas de los aviones, páginas de páginas acerca de Merlots, Malbecs, Cabernets, Sauvignons, Pinots Noir, Zinfandels, Nebbiolos y la teta del sapo, y de emborracharme probando todos los tipos disponibles de vino en el Valle del Napa, San Francisco, California (Se suponía que yo debería haber llegado al Sylicon Valley, pero el automóvil parece que se desvió, cuatro horas de explicaciones gratuitas sobre enología y no recuerdo nada) He decidido separar los vinos en sólo dos grandes categorías: A.- Lo pruebo y me gusta y B.- Lo pruebo y no me gusta. A la mierda!, si eres muy exquisito y quieres el mejor vino, anda a un buen restaurante de la High Life y pide el más caro de la lista, si no puedes pronunciarlo puedes señalarlo con el dedo, con lo que vas a pagar todo te será permitido y tendrás hasta un 90% de posibilidades de haber acertado... Y si no lo sentiste muy diferente a tu acostumbrado Gran Tinto Tacama, tu Fond de cave Ocucaje Gran Croix o tu Queirolo del alma, salvo en la billetera, entonces friégate por figuretti y paga. La próxima pide tu Palomino sudafricano o tu Navarro Correa de veinte cocos y hazte el loco, como la botella es pavonada...
G. Kavernett
Copy rigths FII UNMSM 2007
The Latinreporter USA
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