CRÓNICAS ILEGALES 19: Lobo-Hombre en Perú.
CRÓNICAS ILEGALES 19: Lobo-Hombre en Perú.
By Gino Winter
Haber conocido algunos países y culturas diferentes, tener dedo y medio de frente en una tierra de ciegos en donde el tuerto es rey y haber sobrevivido a luctuosos sucesos en estos últimos años, podrían dejarte en equilibrio inestable entre el resentimiento social, la misoginia y la misantropía.
Ser un resentido social no me preocupa: formaría parte (¡al fin!) de una mayoría.
Ser un resentido social no me preocupa: formaría parte (¡al fin!) de una mayoría.
Y si Nietzche o Schopenhauer hubiesen tenido las amigas que yo tengo no se hubieran convertido en misóginos (aunque confieso que leí con deleite "No sé si casarme o comprarme un perro").
Pero al ver en Universal Channel al Dr. Gregory House, recordé mi admiración por grandes misántropos como Enmanuel Kant ("De la naturaleza tortuosa de la humanidad ninguna cosa recta se puede esperar"), Quevedo, Swift, Becket, W.S. Gilbert ("Odio a mis congéneres"), Pío Baroja o el mismo Schopenhauer ("La existencia humana debe ser una especie de error"). Todo se resume en la frase filosófica "Mientras más gente conozco, más quiero a mi perro" .
La verdad es que a veces, después de hacer un recorrido por mi Lima querida (a lo Michael Douglas en "Un día de furia" o Falling Down) , regreso a casa con el ánimo necesario para actuar la escena de "La Hora 25" (The 25th Hour), en dónde el extraordinario Eduard Norton realiza una catarsis espetándole al espejo sus odios más recónditos.
A veces sueño que esa cercana misantropía se convierte en licantropía y salgo a recorrer la noche como Denis luego de ser mordido por el Mago de Siam, pero invertido. Digo "invertido" no por que me haya vuelto marica, sino porque la novela de Boris Vian, "El Lobo-Hombre" (Le Loup-garou), trata de un lobo que se convierte en hombre mientras que en mi sueño feliz soy un hombre que se convierte en lobo y sale a degollar a cuanta bestia bípeda encuentre en su camino: A los degenerados que orinan en la calle, a todos los asquerosos que la ensucian, a los imbéciles que arremeten a bocinazos contra los autos que ya están circulando por las rotondas sin saber que estos ùltimos tienen la preferencia, a los camarógrafos y editores de la TV que anuncian a "la chica de la semana" y nos pasan una serie de imágenes caleidoscópicas ametralladas dejándote al final como si hubieras visto "Les Mademoiselles de Avignon" de Picasso porque no pudieron dejar tranquila la cámara el tiempo suficiente para saber de quién se trataba toda esa superposición de nalgas, tetas y peluca que se contonean al ritmo del Reggaetón..., a los gerentuchos y funcionarios huachafos (cursis) que te hacen esperar sólo para sentirse importantes en su propia mediocridad, a los policías que te tocan la ventana del carro con su pistola de noche en la playa, para venderte boletos de una rifa caduca, a los artistas plásticos que siempre están en "busqueda" y no encuentran ni mierda, a los actores y directores que utilizan dos horas para explicar con mil muecas lo que sentía un personaje que aparece tres segundos en la obra, a los escritores con sus estúpidos demonios, a los cucufatos que todo lo ven demoníaco (hasta el vino "Casillero del Diablo", o "La Diablada del Titicaca"), a los cretinos que insisten en una reunión y ni se aparecen ni avisan ni llaman para disculparse, a los envidiosos que siempre te dicen que no se puede, a los tarados que contestan el celular en plena función de teatro o a grito pelado en el restaurante o te lo ponen sobre la mesa en pleno almuerzo como si trabajaras en su oficina, a los anormales que llegan de madrugada y en vez de bajarse y tocar el timbre sueltan los bocinazos despertando a todo el barrio, a los pobres diablos que se cuadran en la zona para minusválidos sin serlo, a los gusanos que mastican con la boca abierta, a los mediocres empleados públicos que imaginan que te hacen un favor al atenderte, como si no les pagaran por hacerlo, a los libretistas de los programas cómicos de la TV que sin golpes y mariconadas se mueren de hambre, a los comentaristas deportivos que son más malos que el fútbol peruano (hay un bigotón que es un soporífero que encima ataca al hígado), a todos los inmundos habitantes de esa cloaca llamada Poder Judicial, donde jueces fronterizos y motosos te destrozan la vida por un par de monedas, a los candelejones que velan por los derechos humanos de los delincuentes en detrimento de las víctimas, a los ridículos que hablan de sí mismos en tercera persona o en plural, a los ilusos que usan alarmas en sus autos que suenan todo el día y no sirven para nada, salvo para joderte la vida,.. Y no sigo para no terminar como en el viejo cuento del iracundo sujeto que ingresa arrebatado a un consultorio médico y se suscita el siguiente diálogo:
_ Doctor: ODIO A MI SUEGRA, A MIS PADRES, A MI ESPOSA Y A TODA MI FAMILIA, ODIO A MIS VECINOS, A MI JEFE, A MI SECRETARIA Y A TODOS MIS AMIGOS, ODIO A SUS ENFERMERAS, ODIO SU CONSULTORIO y por último LO ODIO A USTED.!!!
_ Oiga: ¿Y por qué me dice usted todo eso?
_ ¿Cómo, acaso no es usted el doctor del ODIO?
_ Yo soy el doctor del OÍDO, IMBÉCIL, DEL O-Í-DO...
La verdad es que a veces, después de hacer un recorrido por mi Lima querida (a lo Michael Douglas en "Un día de furia" o Falling Down) , regreso a casa con el ánimo necesario para actuar la escena de "La Hora 25" (The 25th Hour), en dónde el extraordinario Eduard Norton realiza una catarsis espetándole al espejo sus odios más recónditos.
A veces sueño que esa cercana misantropía se convierte en licantropía y salgo a recorrer la noche como Denis luego de ser mordido por el Mago de Siam, pero invertido. Digo "invertido" no por que me haya vuelto marica, sino porque la novela de Boris Vian, "El Lobo-Hombre" (Le Loup-garou), trata de un lobo que se convierte en hombre mientras que en mi sueño feliz soy un hombre que se convierte en lobo y sale a degollar a cuanta bestia bípeda encuentre en su camino: A los degenerados que orinan en la calle, a todos los asquerosos que la ensucian, a los imbéciles que arremeten a bocinazos contra los autos que ya están circulando por las rotondas sin saber que estos ùltimos tienen la preferencia, a los camarógrafos y editores de la TV que anuncian a "la chica de la semana" y nos pasan una serie de imágenes caleidoscópicas ametralladas dejándote al final como si hubieras visto "Les Mademoiselles de Avignon" de Picasso porque no pudieron dejar tranquila la cámara el tiempo suficiente para saber de quién se trataba toda esa superposición de nalgas, tetas y peluca que se contonean al ritmo del Reggaetón..., a los gerentuchos y funcionarios huachafos (cursis) que te hacen esperar sólo para sentirse importantes en su propia mediocridad, a los policías que te tocan la ventana del carro con su pistola de noche en la playa, para venderte boletos de una rifa caduca, a los artistas plásticos que siempre están en "busqueda" y no encuentran ni mierda, a los actores y directores que utilizan dos horas para explicar con mil muecas lo que sentía un personaje que aparece tres segundos en la obra, a los escritores con sus estúpidos demonios, a los cucufatos que todo lo ven demoníaco (hasta el vino "Casillero del Diablo", o "La Diablada del Titicaca"), a los cretinos que insisten en una reunión y ni se aparecen ni avisan ni llaman para disculparse, a los envidiosos que siempre te dicen que no se puede, a los tarados que contestan el celular en plena función de teatro o a grito pelado en el restaurante o te lo ponen sobre la mesa en pleno almuerzo como si trabajaras en su oficina, a los anormales que llegan de madrugada y en vez de bajarse y tocar el timbre sueltan los bocinazos despertando a todo el barrio, a los pobres diablos que se cuadran en la zona para minusválidos sin serlo, a los gusanos que mastican con la boca abierta, a los mediocres empleados públicos que imaginan que te hacen un favor al atenderte, como si no les pagaran por hacerlo, a los libretistas de los programas cómicos de la TV que sin golpes y mariconadas se mueren de hambre, a los comentaristas deportivos que son más malos que el fútbol peruano (hay un bigotón que es un soporífero que encima ataca al hígado), a todos los inmundos habitantes de esa cloaca llamada Poder Judicial, donde jueces fronterizos y motosos te destrozan la vida por un par de monedas, a los candelejones que velan por los derechos humanos de los delincuentes en detrimento de las víctimas, a los ridículos que hablan de sí mismos en tercera persona o en plural, a los ilusos que usan alarmas en sus autos que suenan todo el día y no sirven para nada, salvo para joderte la vida,.. Y no sigo para no terminar como en el viejo cuento del iracundo sujeto que ingresa arrebatado a un consultorio médico y se suscita el siguiente diálogo:
_ Doctor: ODIO A MI SUEGRA, A MIS PADRES, A MI ESPOSA Y A TODA MI FAMILIA, ODIO A MIS VECINOS, A MI JEFE, A MI SECRETARIA Y A TODOS MIS AMIGOS, ODIO A SUS ENFERMERAS, ODIO SU CONSULTORIO y por último LO ODIO A USTED.!!!
_ Oiga: ¿Y por qué me dice usted todo eso?
_ ¿Cómo, acaso no es usted el doctor del ODIO?
_ Yo soy el doctor del OÍDO, IMBÉCIL, DEL O-Í-DO...
G. Vinegar
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