domingo, febrero 19, 2006

CRÓNICAS ILEGALES 14: Spiderman en Las Vegas




CRÓNICAS ILEGALES 14: Spiderman en Las Vegas
By Gino Winter
Me desperté aturdido como Toledo en el Melody y al mirarme al espejo me pareció ver al hermano de Angelina Jolie mirándome con cara de sueño. Mi labio superior estaba hinchado como un picarón, con una extraña coloración violácea como si hubiera chupado un marciano de chicha morada. Las encías las tenía al rojo vivo en la base y rosado claro cerca de los dientes; sentía un dolor de cabeza por todo el cuerpo y durante la noche tuve que cambiarme tres veces de pijama porque sudé como sobaco de esclavo castigado, hasta la cabeza me apestaba a pezuña, como a los enanos... y vomité hasta pedacitos de pavo de la Navidad pasada...Cinco días después de estar a punta de desinflamantes y analgésicos, la boca se me pudrió y el labio superior tomó un color negro tarántula antes de necrosarse y caer al suelo dejándome un hueco que felizmente granuló y recuperó su belleza original (contra).Una doctora identificó el proceso como mordedura de araña y me sugirió aplicar antibióticos. Cuando pensé que ya había terminado el incidente, noté como se me empezaba a hinchar el esterno-cleido-mastoideo, cerca al mastoideo izquierdo y empezaba a parecerme al hijo negado de Chirinos Soto con la hermana de Garavito, por lo cual fui ingresado a la sala de emergencias del hospital más cercano, donde parecía que se había descarrilado el Tren Fantasma y estaban reparando a todos los muñecos. Imaginé que esa sería mi última morada y que en breve estaría tan fantasmagórico como los demás pacientes que parecían recogidos de la Guerra de Secesión y traídos por el Túnel del Tiempo desde el lejano 1 861...Felizmente el decir que se trataba de una mordedura de araña (para nosotros picadura) y mi condición de turista y hombre de negocios ¿? me dio cierto estatus de refugiado y pasé como por un tubo todas las instancias, como si tuviera un sello de Urgente en la frente o me apellidara Rockefeller. Así noté con sorpresa cómo contra todo pronóstico y olvidando la indolencia galena, un médico parecido a Colin Farrell me auscultó con esmero mientras me reconfortaba con frases esperanzadoras y me miraba con ojitos de carnero degollado alabando mi Inglés y mi acento Europeo. Con mucha delicadeza tuve que decirle que mejor me soltara la manito porque las enfermeras ya empezaban a murmurar (qué bien hecha su manicura francesa)...Una enfermera gorda me desnudó y me puso una de esas ridículas batas con abertura posterior que pareciera que te las ponen para que no te fugues sin pagar la cuenta, mientras otra me ponía suero, ampicilina, insulina y un narcótico dos veces más fuerte que la morfina, todo de un sólo porrazo; sentí como si me patearan el pecho desde dentro hacia afuera y cuando ya estaba por pedir chepa, me enchufaron una sustancia yodada de contraste y me enviaron al Cat Scanner a sacarme unas placas a todo color. No recuerdo si estaba más preocupado por sanar, por lo que me iban a hacer o por que hasta ese momento la cuenta iba por los cuatro mil dólares ( al final pasó los treinta mil) y yo sólo tenía un billete de veinte en la billetera... Volando entre el opiáceo y los antibióticos y con un calorcito sutil debido al Yodo, me fui flotando con una cara de felicidad en el rostro, como un bebé rinoceronte en la placenta materna...dos lindos angelitos disfrazados de Tecnólogas Medicas me hicieron la sesión de fotos con tal cariño, como si yo fuera Luis Miguel, a tal punto que me dieron ganas de quedarme a vivir allí...Lamentablemente fui sacado como en el Rapto de las Sabinas y luego llevado al primer piso donde me pusieron junto a un mejicano que tenía el vientre hinchado por los gases debido a una acumulación de cálculos en la vesícula biliar... Apenas se quedó dormido me levanté y lo puse en posición fetal, apuntando la artillería hacia la ventana abierta, por si acaso; al pobre le dio terciana y amaneció congelado pero se salvó el ecosistema de la habitación. Una enfermera Nazi me aplicó un cuestionario de casi doscientas preguntas, algunas de lo más raras, como por ejemplo si yo pertenecía a alguna secta satánica o similar a lo cual le respondí que no, que la expresión de mi cara era en parte debido a la neuralgia y en parte a la Ley de Mendel o herencia familiar, ya que mis antepasados maternos acostumbraban a casarse entre primos y por el lado paterno tengo un tío idéntico a Jack Nicholson. Me preguntaron también si practicaba algún rito que se oponga a las prácticas médicas convencionales y la pregunta más escalofriante de todas: si sabía en dónde estaba...por supuesto que sí !!! les dije, qué pregunta para más extraña; entonces me explicó que a veces llegan pacientes en estado alucinante o depresivo y no saben ni dónde están. Me hizo recordar mis clases sobre drogas en las que teníamos que recordar el nombre de la cantante Nedda Huambachano (NEDDA: Narcóticos, Estimulantes, Depresivos, Delirantes y Alucinógenos). En ese momento me dí cuenta de que en realidad yo no sabía dónde estaba y le miré las tetas a la enfermera buscando un fotocheck, pin o marbete con el nombre del extraño nosocomio en el que me habían recluido. Luego de la revisión tetamentaria y del hallazgo bordaduril, estuve en condiciones de decirle con toda seguridad: Of curse, We are in the famous UMC ! (felizmente quedó satisfecha porque recién al otro día supe que se trataba del University Medical Center of Southern Nevada). De pasada le pregunté si era familia de Pamela Anderson o de Dolly Parton o si también la había picado algún insecto...
A media noche empezaron los gritos desgarradores de los alcohólicos, drogadictos y locos, en pleno delirium tremens. Había tanto loco en ese piso que por momentos pensé que mi familia se había puesto de acuerdo para meterme subrepticiamente a un manicomio. Los locos se escapaban desnudos y gritando o riéndose a carcajadas. De mi baño, que tenía puerta para el otro cuarto, salió un negro loco calato de casi dos metros , parecido al Gorila Maguila, y saltó por entre las camas perseguido por un enfermero filipino de metro y medio, hasta ahora no sé qué iba a hacer si lo alcanzaba. Lo agarraron entre seis securities y cuando estaban a punto de sonarlo, una psicóloga intervino en favor del lorenzo y le habló en una forma tan delicada que la Reina Sofía era una pacharaca a su lado, a lo que el lucresio contestó :FUCK YOU! FUCK YOU! LET ME GO, BITCH!...Y zuácate, le cayó la artillería con una inyección que parecía un arma de la Guerra de las Galaxias y cuarenta rodillazos off the records, bajo el mohín de aceptación de la psicóloga herida en su amor propio.
Cuando el doctor de turno venía a examinarme, un loquito parecido al Loco Valdéz entraba a mi habitación y le refutaba todo lo que me decía. Lo hacía tan bien que los otros pacientes le decían a las enfermeras que mejor le hagan caso al loco. Una Trabajadora Social que parecía la mamá de Mike Tyson entró a conminarme a entergar mi pasaporte, tarjetas de crédito y todo lo que tenía de valor so pena de despertarme mientras se sacaba la peluca esa de Mardi Grass que usaba. Felizmente me trasladaron a otro cuarto en el quinto piso ya más privado y confortable (creo que los locos se quejaron), fuera del alcance de la Sra. Tyson y en manos de una asistenta social que años atrás debió ser Miss Costa Rica o alguna otra cosa rica. Le dije sinceramente que lo único feo que se le veía era un lapicero mascado que usaba y me trató como si le hubiese regalado un Rolls Roice, asegurándome que el estado se haría cargo de mi curación, yo prefería pagar si ella me seguía atendiendo...
Diez días pasé enchufado a una máquina dispensadora de antibióticos, sueros y afines. La máquina de marras sonaba cada vez que se acababa la solución, cuando me movía o cuando entraba aire en alguna de las vías; sonaba como los benditos detectores de humo y te arrancaba de los brazos de Morfeo como si fueras una muela del juicio. Mucha gente cree que el mejor lugar para dormir es el hospital. Falso, cada dos horas te despiertan para medirte la presión, tomarte la temperatura, sacarte sangre, cambiarte la aguja, ponerte el estetoscopio helado, preguntarte si estás dormido y muchas cosas más que por decoro prefiero omitir...
Salí con seis kilos menos y una dieta de por vida que dentro de poco me va a dejar como experimento del doctor Mengele. Me dijeron que tuve suerte, que los picados por arañas se llenan de plata. Que pudo ser una Viuda Negra o una Reclusa Parda, suerte que no me pasó en primavera, estación en la cual la letalidad del veneno se potencia al máximo.
Ahora que ya estoy casi repuesto me he dado cuenta de que he adquirido algunos extraños hábitos, por ejemplo esta crónica la estoy escribiendo junto a la lámpara del techo, con la espalda y tres de mis patas pegadas al cielorazo y vestido con mi pijama favorito azul y rojo del Sorprendente Hombre Araña...
G.Arácnidus
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