CRÓNICAS ILEGALES 13: Negociando con San Pedro desde Las Vegas

CRÓNICAS ILEGALES 13: Negociando con San Pedro desde Las Vegas
By Gino Winter
Llegué al aeropuerto “Mc Carran” de Las Vegas, Nevada, cansado, malcomido y sin raya, luego de un tour de force por Caracas y Miami, ya que el pasaje directo costaba el doble y la Magdalena aun no está para tafetanes.
Al salir manejando con destino a North Las vegas, mi actual residencia (prestada), tuve que pasar por The Strip (la tira) como se le conoce a la parte de la avenida Las Vegas Boulevard en donde se encuentran los más fabulosos hoteles y casinos de USA, como el Bellaggio, el Wynn, el Venetian, el Mandalay Bay, el Mirage y el recordado Caesar´s Palace por citar a los mejores. Qué tal cantidad de luces; dicen los astronautas que esta ciudad es el punto más luminoso de la tierra. Qué absurdo derroche de lujo y dinero. Es increíble todo lo que se puede construir sobre la base de la estupidez de los ludópatas y de los turistas apostadores. Cualquiera que haya estudiado algo de estadística o aunque sea que haya conocido a Pascal en la secundaria, sabe que es imposible ganar en el casino; la teoría de probabilidades asegura que the bottom line siempre estará en rojo para el apostador, pues en este negocio sólo ganan los dueños y la amante del administrador…
Entré a un restaurante del hotel Wynn, el más nuevo y lujoso del Strip, y me pedí una Chita al Ajo para reanimarme. La linda waitress me dijo que no había y me aclaró de paso que Las Vegas no era “La Ciudad del Pescado” como yo creía sino “La Ciudad del Pecado”. Una linda rubia hollywoodense de propiedad social me confirmó eso de la Sin City antes de alejarse como mis esperanzas al darse cuenta que de millonario sólo tenía un Rolex Submariner (veinte dólares en Pink Powders).
Al convencerme de que aquí no aprendería nada de Ictiología ni con San Icticola de la Mar de Les Lutiers, recordé mis votos de castidad (por razones económicas) a lo Rafael Rey pero sin Manuela y, luego de comerme una ensalada Tao con su carne a la tailandesa, arroz vietnamita y su Thai Tea (helado y con leche) , dije ¡vade retro Luci ¡ (cruz diablo) y me fui a dormir como un querubín recién operado, para quedar bien con el Espíritu Santo a ver si le consigue al Altísimo otro Job con quien hacer sus experimentos porque yo ya no tengo físico y menos su paciencia…
Luego de mis oraciones religiosas me quedé dormido y soñé que me había muerto y me había ido al Cielo (si, ya se que soy un conchudo) y me había recibido Saint Peter, ese que dijo “yo soy su hermano pero no se nada” hasta en tres ocaciones antes de que cantara el Pájaro Loco. Me viene a la memoria el cuento del flaco a quien le preguntaban “¿Por qué permite que le digan care’gallo?” y él respondía: “y quiquiriqui haga”…
Pedrito me recibió con su llavero guatatiru y cierta desconfianza y luego de mostrarme mecánicamente el Trono Blanco, La Corona, el Velo y toda la parafernalia celestial del Apocalipsis de San Johnny, me confirmó lo que más temía: que en virtud a mi ¿buen comportamiento? (en realidad estaba allí de carambola porque al Men le había gustado una de mis crónicas) iba a formar parte del Coro Celestial y cantaría salmos y alabanzas por toda la eternidad, como quien dice per infinita omnia et secula seculorum…!La canción en Technicolor!, yo que lo máximo que aguanté en una coral fueron dos canciones antes de irme de juerga con Morfeo: El Ave Maria de Schubert y no sé qué vaina del Anillo de los Nibelungos de Wagner…y eso que al final les recomendé a los Niños Cantores de Viena (de bien-a-dentro de Chincha) que mejor cantaran el Ave Maria Lola de Carlos Argentino, con la Sonora Matancera…
Le pedí a Pietro que no sea Marlboro, que eso era más aburrido que chupar un clavo y que prefería irme al Purgatorio de Dante con Virgilio o sacar a pasear al Can-Cerbero con Savonarola y Torquemada por el jardín de Pol Pot en el Averno…
Le aseguré además que si hay algo con lo que no nací, además del Billie Jean (billete), era con una voz al menos aceptable (siquiera como Enrique Iglesias o Alex Lora, el cantante de EL TRI) y para demostrárselo le canté la estrofa más brava de “Murió la flor” de “Los Ángeles Negros” a lo Germain de la Fuente, pero sin la mariconada. Cuarenta y cinco gallos de pelea en una sola estrofa. Pero Pedrin ni se inmutaba, más bien me aseguraba que una vez instalado en la primera fila del coro (para tenerme chequeado) mi voz se volvería tan hermosa que Il Commendatore Enrico Carusso y el gordo Pavarotti parecerían a mi lado el dúo “Los Michis” (Fernando Farrés y Álvaro Curotto Gonzáles). Además nunca me iba a aburrir porque sería un deleite máximo cantar para la Cúpula Celestial. No se por qué pero no le creí…no vaya a ser que cuando le reclame me cante el “No, no, no, nooo” de Armando Manzanero, total, fama de Pinocchio tiene, si no me creen lean la Biblia. Además, en ese coro cantan en Latín y yo lo único que sé de Latín es lo que está en las páginas rosadas del Pequeño Larousse Ilustrado y unas cuantas maldiciones que me solía espetar el cura de la Iglesia del Prado cuando me ampayaba enamorando a las novicias o jugando “fulbo” con el portón del convento…Ora pro nobi
Pero Pierito habló con San Pablo y me dieron el “Don de lenguas”, con lo cual mi futuro como canario gordo se hacia inexorable…No atracaron cambiarme a “angelito sanador” ni “arcángel vengador”, ni siquiera “diablito travieso”, ni “angelito de la guarda” o “de las bolas de oro”; se emperrechinaron en que cante.
Me pusieron un par de alas de pelicano, las sandalias de Hugo Blanco, una bata parecida al vestido de Isadora Duncan y me acomodaron al lado de Simón Templar, quien me contó que los chóferes de combi están mejor situados en el Cielo que los curas porque cuando los curas dan su sermón todos los fieles se duermen, mientras que cuando los chóferes de combi manejan todos los pasajeros rezan y se arrepienten de sus pecados….
Desperté con dolor de garganta y un extraño frío en mis partes púdicas…
Desde ese día duermo preocupado…
G. Boccelli
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1 comentarios:
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