ILEGAL CHRONICLE 12th: A Miserere in New York

CRÓNICAS ILEGALES 12: Un Miserere en New York
By Gino Winter
En Frankfurt, Beijing, London, Cinco Esquinas o acá en New York, el Cólico Renal es el más Miserere de los cólicos. Y no acepto contradicciones ni siquiera de nefrólogos, urólogos, oncólogos o dolorólogos: esta vaina duele más que los partidos de la Selección Nacional de Fútbol frente a Chile; es más feo para los hombres que agarrarse el prepucio con el zipper; más angustiante para las mujeres que ver a su amiga odiosa entrar a la fiesta con un vestido igual, pero original y no pret-a-porter como el suyo... y con la cintura más estrecha... en fin, duele más que el Himno Nacional con su peruano oprimido, sus cadenas ominosas y su cruel servidumbre... Te sientes más miserable que el Jean Valjean de Víctor Hugo...
Los riñones regulan el volumen y la presión osmótica de los líquidos del cuerpo, filtrando y descartando sustancias extrañas de la sangre.
Corresponden al yin (agua), son fuente de energía genésica (contra todo mal) y además sede de los deseos secretos, siendo el corazón el eje de los pensamientos más íntimos (Diccionario de Símbolos Chevalier). Para Bourbeau, el riñón mantiene el equilibrio emocional. Al estar alterado tu equilibrio, puede cometer un error de "cálculo", lo cual lo induce a la Litiasis, o formación de piedras o "cálculos’, que al desplazarse arañando, obstruyendo e inflamando los uréteres por dentro, producen lo que el Dr. Sergio Rozenholc llama "El dolor de la Injusticia"... Un síndrome o conjunto de síntomas (Los doctores de la "Harvardtin" le dicen sindrome) que recibí como única herencia de mi familia materna...
Todo comenzó cuando tenia diecinueve años y me despertaba después de haber asistido a una jarana en el Callejón de los Tres Patios, de aquellas de vez en cuando, como diría mi tía Chabuca Granda...
Comencé a sentir un dolorcito en la fosa lumbar que se fue irradiando en forma paroxística hacia la región inguinal-homo-lateral, con clara intención, alevosía y ventaja, de atacar mi testículo izquierdo que reposaba tranquilamente sin hacerle daño a nadie...
De pronto sentí una punzada sorda y salvaje, como si me hubieran empalado a traición, desde la medula espinal hasta el encéfalo, sacudiendo mi arteria renal desde sus orígenes aórticos...
El ganglio celiaco trasladaba el malestar desde mis riñones a mi estómago, haciendo que corra al baño a devolver el rico menú criollo que la negra Doña Bertha me había ofrecido el día anterior en su "llonja"... Dos gotas de orina hematúrica, como lágrimas de sangre, fue todo lo que pude lograr mientras sentía que un Allien me destrozaba por dentro...
Mi amorosa madre, pensando que eran los Diablos Azules de un supuesto Delirium Tremens, me consoló con doscientos "telo dijes" y otros tantos "ya vez": "ya vez por andar con esos cholos de mierda, qué te habrán echado en la chicha de jora esa..." Yo la miraba con amor filial mientras pensaba la forma de echarle Cumorit o algún otro derivado del Curare a su Té Horniman’s para ver si se le paralizaban las cuerdas vocales por unas horas y me dejaba de joder, al menos mientras me pasaba el cólico...
Me puse en las más conocidas posiciones de Yoga, incluyendo trece de Kung Fu y seis del Kama Sutra y el dolor ni se inmutaba, seguía taladrándome la vida mientras mi adorada Mamita volvía a la carga con toda su artillería y una dulce voz de pizzera Napolitana: "Que habrás estado haciendo anoche con esas negras cochinas, algo te habrán contagiado... y bla, bla, bla, yara, yara, yara..."
Intentando el Control Mental (Método Silva) la observé con cara de "Pequeño Alex" de La Naranja Mecánica de Kubrick, mientras la imaginaba serena aunque algo seria, descansando tranquilamente, rodeada de las más bellas flores, en su cajita oblonga de pino, con sus manitas cruzaditas y en medio de cuatro "bombones" de doscientos vatios cada uno, mientras yo bailaba "Llorarás" de La Dimensión Latina, con su cantante Oscar de León, en el Tono de los Huerfanitos del Rimac... Perdóname Mamma, pero esta enfermedad te transforma temporalmente en un monstruo despreciable y vengativo...
Para evitar convertirme en parricida, salí corriendo como mi amigo Boggio cuando pasan la limosna en la iglesia; tomé un taxi y llegué al Hospital de la Fuerza Aérea, y me matriculé en Emergencia donde me aplicaron suero "dextrosado", Valium de veinte, Sosegón cuarenta y cuanto amansa-loco encontraron, incluyendo dos muestras médicas con fechas de vencimiento caducas... me dejaron como muñeco de Vudú y "naranja Huando sin pepa"... y el cólico ahí... (Años después se inventó el Profenid 200, que con una sola inyección te quita el cólico en menos de lo que un tartamudo recita "María Chucena techaba su choza...")
Me dijeron que se trataba de un cólico renal cuando al punzarme con un puño sobre el riñón izquierdo, les menté la madre en cinco idiomas que ni siquiera conocía por ese entonces...
Luego de varias horas de sufrimiento, recordé los trabajos de Arquímedes y Pascal sobre Hidráulica, así que pedí una cerveza para que empuje la piedrita, pero como estaba prohibido "chupar" en el hospital (para los pacientes, pues los médicos hasta operaban borrachos) tuve que tomarme una Coca Cola familiar (no existían las de litro) y tirarme por la ventana del tercer piso...
Salte en posición de "yevi" con el fin de caer haciendo los cinco famosos puntos del paracaidista militar de antes: punta de pies, tobillo, costado de rodilla, cadera, giro con las dos piernas juntas y el otro tobillo...
El impacto fue tal que el cálculo se desplazó hasta la vejiga, liberando el líquido y acabando con el espasmo, con lo cual me alivié tanto que pude sentir el dolor de mi dedo gordo dislocado y mi orejita que se abolló en el tercer volantín... desde allí hasta el tratamiento externo, no- invasivo, con ondas vibrátiles de la clínica Ricardo Palma, el tema tuvo para varios oscuros y dolorosos años...
Paso a recordarles un antiguo cuento:
Caminaba Tarzán, como siempre "con la mona", por la vera de un pantano y un cocodrilo le gritaba: "Borracho... borracho... “ y así todos los días... Hasta que una vez pasó Tarzán con un cólico renal de la pitri mitri (allí nació su famosos grito) y apenas el cocodrilo abrió sus mandíbulas para decirle "borracho", Tarzán le metió un puñete que le atravesó la garganta y el estómago hasta la cola, agarró las entrañas y jaló con fuerza, dejando al pobre cocodrilo volteado al revés, con los órganos expuestos al sol... Cuenta la leyenda que cuando Tarzán se alejaba con una sonrisa maléfica, a lo Jack Nicholson, escuchó al cocodrilo que le gritaba: "Cho-borra..., Cho-borra..."
G. Misserere
Latin Cafe Productions
Copy rights "The Inmigrants Herald" Kearny - New Jersey USA
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1 comentarios:
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